Muñeca clásica antigua

 

Marisol Valverde De Carlos,

coleccionista de muñecas antiguas

Introducción

Queridas amigas y amigos de Mariquita Pérez y con los que comparto la afición por las muñecas antiguas de colección. Estas muñecas que, pasada ya una vida, quedaron relegadas al olvido, y después de ser las compañeras de juegos y confidentes de alegrías y penas de alguna niña, pasaron largos años en el fondo de un armario o de un viejo baul.

Nosotros, los coleccionistas de muñecas antiguas, las rescatámos de esa larga noche, y con el cariño que ponemos en ellas, les devolvemos a la “vida” arreglándolas y restituyéndoles, cuando es necesario, sus vestidos, pelucas, elásticos y demás elementos perdidos. De esta forma conseguimos que la muñeca vuelva a sonreir, y posiblemente la que en otro tiempo fuera su dueña y amiga también sonreirá desde allá donde se encuentre.

Os aconsejo que cultivéis vuestra afición, pues conciendo bien a estos “quasi-seres” sabréis respertarlas sin añadir en ellas nada que pueda desvirtuarlas.

Todo arreglo debe de estar sujeto a lo justo e imprescindible y toda restitución debe de ser de acuerdo con la época, fabricante o creador, y módelo, para que conserve su “dignidad” e identidad y también nosotros, tal y como lo hiciera aquella persona que ni siquiera conocimos, podamos disfrutarla y dejemos tras nosotros un legado cutural con el que generaciones futuras puedan también disfrutar y aprender de épocas pasadas.

Una muñeca antigua es un testigo mudo de una época, de la forma de vida de una sociedad, en fin, de una cultura. Si aprendemos a leer en ellas, o a “escucharlas” seguro que veremos en este objeto de colección algo próximo y que a la vez nos transporta a otra época, la suya, lo que a nuestros ojos resulta fascinante.

Quiero en mi presentación contaros brevemente el por qué de esta afición tan fuerte y que al mismo tiempo de producirme el placer de poder contemplar un objeto hermoso, me emociona y conmueve.

En la primera pantalla vereís una serie de fotos y una muñeca. La muñeca en sí misma no es una pieza de alto valor material. Se trata de una muñeca tipo Mochtmann de 1865 (fecha de la foto). Buscándola en las fotos vereís que una niña la sostiene en sus brazos, ella es mi abuela paterna. Esa muñeca la pusieron en mis manos el día de mi primera comunión en el año 1950. Desgraciadamente la rompí, por lo que está restaurada, y durante muchos años estuvo guardada y no la volví a ver.

Crecí entre mis tías por parte paterna y materna, ya que vivían en casa de mis padres, todas ellas nacidas en el siglo diecinueve, incluso mi madre, la más joven de ellas, nacida en 1899. Al ser la única niña entre cinco hermanos, conviví mucho con ellas, y además de los cuentos que me narraban, me resultaban especialmente atractivas todas las vivencias que ellas me relataban de aquel final del siglo XIX. Sus juegos, y especialmente las muñecas, despertaban toda mi imaginación y soñaba con haber podido también vivir en aquella época ya que entonces me parecía mucho más fascinante que la mía.

Años mas tarde y después de que mis cuatro hijas crecierán y mi madre falleciera ya de avanzada a edad, volví a pensar mirando a la antigua muñeca de mi abuela en las otras muñecas del XIX y de las que yo no conocía practicamente nada, salvo que existieron. A partir de entonces comenzó la búsqueda, y con cada muñeca que conseguía venían también las ganas de aprender e investigar. Cuantos más conocimientos se van adquierndo más se disfruta de estos objetos de colección que llegan a ser tan entrañables por todo lo que nos transmiten.

Mis conocimientos sobre la muñeca antigua de colección están principalmente centrados en la muñeca y BÉBÉ francés de la segunda mitad del XIX y en el BÉBÉ de carácter, tanto alemán como francés, de las dos primeras décadas del XX. Además del BÉBÉ francés de porcelana, me atraen también especialmente las muñecas de moda o “Parisiennes” del periodo de 1865 a 1880; los primeros BÉBÉS de papel maché recubiertos de cera y que fueron fabricados a partir de 1855; los de cera de esa misma época y fabricados en Inglaterra principalmente por Pierotti y por Montanari, fabricantes de origen italiano allí afincados; y las muñecas tipo “Parian” del periodo 1865 a 1875-80, con un biscuit tan claro que le encontraban una cierta apariencia al marmol de Parós (de ahí su nombre).

Por qué soy amiga de Mariquita Pérez? Pués porque la muñeca de las décadas de los 40 y de los 50 del siglo pasado fue la de mi niñez, y porque tengo el privilegio de ser amiga de Chelo Yubero y Javier Conde, los más importantes coleccionistas y los mejores conocedores de la muñeca española. Junto a ellos he aprendido a conocerla y por lo tanto a saber valorarla. Para poder disfrutar tanto de la muñeca antigua como de la muñeca española contemporanea, hay que saber situar a unas y otras en su propia época y jamás establecer una comparación. Todas ellas nos transmiten la cultura y forma de vida de una época, la suya. Dejemos pués que nos “hablen”.

Modo de idenfificar una muñeca antigua

1. Buscar si tiene marcas en la nuca y/o cifras:

En la muñeca francesa del XIX la cifra corresponde a la talla. Como excepción el BÉBÉ JUMEAU de carácter que está también marcado con el número de molde.

En las muñecas de fabricación alemana figurán los siguientes datos: número de talla, número de molde y anagrama o siglas de la marca.

Las marcas en la nuca habitualmente están realizadas en inciso. También existe la marca con tampón como el conocido ejemplo del tampón rojo del BÉBÉ JUMEAU a partir de 1890.

2. Comprobar a la vez si el cuerpo está marcado:

Las marcas del cuerpo suelen encontrarse en la espalda, zona lumbar, en el costado en el caso del BÉBÉ Steiner, o bajo el tronco en el caso del BÉBÉ SCHMITT ET FILS.

Elementos a comprobar al interesarse por una muñeca

  1. La cabeza y el cuerpo deben corresponder al mismo fabricante y época (existen en el mercado muñecas manipuladas y ensambladas anárquicamente).
  2. Verificar el estado de la porcelana, preferiblemente al trasluz, iluminando el interior de la cabeza con una lámpara o linterna. Hay que tener encuenta que el más ligero pelo o fisura la devaluan en un 50%.
  3. Revisar que elementos conserva de origen o han sido restituidos: peluca, ropa, zapatos, etc. Una muñeca o BÉBÉ con su ropa y zapatos de origen, aún estando deteriorados, tiene más valor que si está vestida con ropa que no es de origen.

Todos estos factores, tienen consecuencias en la valoración de una muñeca y es importante tenerlos en cuenta a la hora de fijar las condiciones de adquisición de una muñeca como pieza de colección.

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